Divagando, con poquitas palabras

letras que vienen, que salen, que fluyen y que forman frases, párrafos, textos, cuentos, historias…

Archive for the ‘sentimientos’ Category

Con todo

Posted by Rhino en junio 4, 2008

Con una caricia suave tras el roce, éste intenso;
todo antes del beso bien guardado,
y un susurro silvante y sincero.

Marchó así.

Tan sóla y con tan poco;

CON TODO

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Amapola

Posted by Rhino en enero 25, 2008

La vi,… encima de una amapola, revoloteaba.
Movía sus coloridas alas. Con las antenas rozaba los pétalos
con las patas acariciaba su color.

Me acerqué dulcemente,
con dedos ansiosos… de deseo, y mi mente ardiendo… de olor.

Buscaba la inspiración que manejara mis dedos, que ordenara mis ideas,…. que impulsara los sentimientos, y…

la vi en una mariposa que revolteaba encima de la

amapola.

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Tócame

Posted by Rhino en agosto 22, 2007

La cámara refleja, el cuerpo expresa
…una imagen retiene y un roce mantiene.

Expresaré lo que siento,
…un roce, intenso como el viento.

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Rimas sencillas de sentimientos profundos

Posted by Rhino en junio 12, 2007

Queda tu sensación de presencia

y tu pasión por el balón, de uno u otro color.

Ese gesto con gafas en la frente que se repite cuando el sol
se hace presente y como bandera, la fiesta y la diversión.escalera.jpg

El gusto por la lectura, una copia de tu escritura,
tu firma mil veces repetida y esos zurdazos de amor
con la “familia” y con el corazón.

En el fondo, un autodefinido, a rellenar, interior;
tan sólo faltan los años pasados sin tu
amor.

Para ese lector que nos contempla desde el exterior.

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Amor

Posted by Rhino en abril 25, 2007

En esa tierra de amores,
de luces,
de silencio,
árabe por sus rincones y
salada por su gente,
una mirada se cruza con el placer de las manos.
Vuelan los sonidos sobre un lecho de musgo;
olor a tomillo y yerbabuena,
suaves caricias de seda.
Bajo un cielo salpicado con manchas de estrella,
dos cuerpos se pierden en el laberinto humano.

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Mojado de …

Posted by Rhino en abril 12, 2007

Ahora ya no sé qué hacer.

Desde luego algo tengo claro,
el paraguas no lo quiero para nada,
prefiero mojarme con

agua,

con lágrima,

con lluvia…,

para luego secarme.

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Aire de tango

Posted by Rhino en abril 11, 2007

Impulsos sentidos de sonidos que llegan,
aquellos que entran, no los que pasan sin quedarse.

Vértigo al ver piernas torcer y girar
y enroscarse como serpiente,
haciendo giros imposibles sobre tronco erguido.

El ocho, el boleo,el gancho, la sacada y la barrida,
una mano al cuello, otra a la espalda y las dos libres unidas.

Respiro y tomo aire con aroma de mate
mientras la bombilla alumbra la mano ofrecida.Para vos

De fondo una queja bien sentida,
de bandoneón que llora mientras llega el día.

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Susurro

Posted by Rhino en marzo 30, 2007

Silbantes y vibrantes, suaves y melodiosos,
desde muy dentro;
que penetren y reconforten, salgan pero que resuenen.
Al menos, así deseo que sean mis susurros.

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Cantos de aves

Posted by Rhino en marzo 27, 2007

Dentro, cierre de barrotes,
tintineo de llaves y
sirenas gritando.

Tumultos supervisados
por guardias vigilantes
mientras ladran las aves y cantan los perros.

Realidad cambiada, realidad dirigida y desfigurada.
Sueños perfectos en lugares no deseados.

Fuera, tierra, luz y aire y cantos de aves cuando ladran los perros.

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Yo ya no estaba

Posted by Rhino en marzo 8, 2007

Salté la primera valla y llegué hasta la fuente. No se oía ni se veía a nadie, tan sólo me acompañaba una manada de yeguas que pastaba plácidamente.
Todo estaba como la última vez aunque la maleza se había adueñado del lugar reduciendo el espacio casi a la mitad. Las rocas que nos servían de parapeto, a veces de sillones y otras muchas de sofá, seguían en el mismo sitio. No se apreciaban signos de presencia humana, tan sólo animal.
Me tumbé en la hierba estirando las brazos y las piernas, abriendo las manos, tensando los dedos. Quería abarcar todo de una sola vez, quería sentir todos los años pasados, quería absorver todas las sensaciones vividas en ese mágico lugar.

Había vuelto al pueblo, a la casa de mi infancia, y al río dónde pasé horas interminables, nadando, disfrutando, amando y muriendo.
Subí al monte que protege al pueblo y lo hice escalando como tantas veces había hecho. Los arbustos y los espinos cerraban cualquier paso, pero a mí ya no me dolía.
Desde la cruz que lo coronaba divisé los tejados de las casas, los montes cercanos, el valle, los caminos que unían, los que se perdían, los que subían, los que bajaban…
Me adentré por las callejuelas. Allá estaba Emiliano, el pastor, un poco más viejo, más encorvado, con su bastón, sentado en el banco de piedra, mirando al cielo, abstraído, viendo pasar las nubes, con gesto triste, tal vez porque los años pasan o quizás porque sus amigas, las ovejas, ya nunca volverían. Quién sabe el porqué, puede que ni él lo supiera.
No me vio. No podía porque yo ya no estaba, pero le saludé.
Un niño jugaba a ser guerrero dibujando una pelea con un adversario invisible mientras Aurora entonaba una melodía triste aguardando la llegada de no se quién, de no sé qué. Le saludé como siempre había hecho, pero no me contestó, yo ya no estaba.
La plaza había cambiado. La acacia centenaria que le daba sombra y vida se había convertido en un recuerdo más. El juego de bolos yacía sepultado bajo un manto de hormigón y una fuente rodeada de bancos daba un aire triste a ese rincón en otros tiempos centro de alegrías, juegos, disfrute y diversión.

Me levanté y dirigí mis pasos hacia el bosque buscando la senda para llegar a nuestro rincón más querido, aquel que visité por última vez y en el que desaparecí del mundo real para siempre.
Había que poner mucha atención, las zarzas habían conseguido crear una maraña casi infranqueable ocultando todo vestigio de lo que antaño pudo ser camino. Encontré un hueco entre la muralla y mi cabeza pasó pero el cuerpo se quedó. Tiré con todas mis fuerzas a la vez que en mi cara dibujé un gesto de dolor, aquel que esperaba, pero no vino. Yo ya no estaba.
Divisé nuestro árbol, el que habíamos tatuado con nuestros nombres, el que nos servía de cobijo, aquel donde montamos nuestra guarida imaginaria, donde soñábamos llegar muy alto.
Me subí a la copa como hacíamos antes de zambullirnos. No me quité la ropa, estiré mis brazos y salté. Fueron segundos de recuerdos, mis últimos recuerdos.
Luego nada, yo ya no estaba.

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